Días de mermelada

La Paz- Boliva

Mariana Ruiz

Fuente: Reseña de Verónica Linares Pérou

Ya el título de este conjunto de cuentos breves, ganador del Concurso Nacional de Literatura para Niños del grupo editorial La Hoguera 2018, en su colección “Abrapalabra”, nos hace evocar esas tardes maravillosas de la infancia, en que la mermelada de frutilla, de durazno, de piña, untada en una marraqueta o una tostada con mantequilla, era el mejor momento del día, y en realidad aún lo puede ser. O en palabras de la misma autora: “Hay días nublados y días con sol, días con viento y días con calor, con mucho calor. Hay días de hacer tareas y días de ir a la piscina.

Para mí, mis favoritos, son los días de mermelada, que son cuando la abuela hace mermelada en la olla grande y me sienta a su lado para que peine a Dolly y escuche sus historias”. Aquí tenemos que saber que ¡Dolly es una oveja!

Mariana Ruiz, autora de la conocida y larga saga sobre las aventuras y viajes de Uma a diversos y maravillosos lugares de Bolivia, nos regala una serie de cuentos cortos cargados de sensaciones y evocaciones.

Es así que, en Días de mermelada, la autora nos presenta cinco cuentos que de alguna manera hacen referencia a una mermelada en particular y como no, a la voz de esa abuela cuyas narraciones son siempre inolvidables.

Mariana logra seducir al lector con las introducciones a cada cuento, ella crea un ambiente familiar relacionado al momento en que la abuela está preparando una exquisita mermelada. Entonces podemos sentir el olor de la misma, su sabor y hasta su textura. En ese contexto, nacen los cuentos: son historias simples, pero llenas de imaginación, de evocaciones a lugares y situaciones familiares, momentos del día, o también a narraciones y personajes de cuentos de hadas: el dragón de los colores, duendes, un dragón-lagarto diminuto, un rey, niños, y hasta señores jubilados.

La autora logra utilizar el vocabulario y el tono adecuados para cada cuento, interiorizándose en los personajes, el lugar y la época. De acuerdo a ello, Mariana hace uso del humor, o bien de la fantasía, o de del relato costumbrista. Nos reímos, nos enternecemos y nos maravillamos.

El primer cuento, “El dragón de los colores”, que es el cuento que la abuela contó cuando hizo mermelada de moras, es la historia que responde a la pregunta que con seguridad se hacen todos los niños: ¿Dónde se van los colores, los crayones, los marcadores o las tizas que se pierden? Bueno, pues se trata ni más ni menos que del Dragón de los colores que no sólo roba los colores perdidos durante las noches, sino que se revuelca en éstos, extasiado con su olor y su sabor.

En el cuento “Mermelada de frutillas con ternura”, obviamente, se hace referencia a la mermelada de frutilla, la preferida del rey. Éste la comía todos los días con tostadas y cada día le sabía diferente. Y es que quienes preparaban el desayuno, el panadero y la cocinera que estaban enamorados, tenían un secreto para que así sea.  Sin embargo, el día que el panadero se enfermó, la cocinera triste, no logró endulzar las frutillas las cuales tuvieron pesadillas, y por lo tanto no hubo desayuno para el rey. ¿Quién resolvería este caso? ¿Volverían a tener pesadillas las frutillas?

En “La mascota secreta de Claudina”, gracias a la mermelada de kinoto, unas naranjas pequeñas y alargadas, podemos conocer a Alina, la mascota de Claudina. Al igual que Alina, una especie de lagartija azul y silenciosa, Claudina ama comer kinotos. Sin embargo, la niña, al descubrir que Alina ha puesto dos huevitos, decide compartir sus preciados kinotos, y le pide a su mami que no utilice tantos para hacer mermelada.

Gracias al cuento “El toque mágico”, un simpático relato que ocurre en el oriente boliviano, podemos conocer a un duende muy particular y bromista que en este caso le concedió un poder muy especial a Marcelito, un niño que detestaba comer verduras, y en especial el brócoli. El poder especial era el poder convertir todo lo que comía en nada más y nada menos que CHOCOLATE. Al comienzo, todo fue de maravilla, sin embargo, ¿se imaginan lo que pasó cuando TODO lo que comía Marcelito sabía a chocolate? ¿Incluso su plato favorito? ¿Cómo hizo Marcelito para deshacer su poder?

Cuando se hace dulce de leche, la abuelita dice que no se puede sacar la vista de encima pues se puede quemar. Entonces es hora de contar historias de misterio como la de Don Cosme quien tiene que averiguar quién le puso demasiada sal a su sopa, tanto que ni el perro pudo comérsela. ¿Cuál de sus amigos bromistas le estaba devolviendo la broma pesada? ¿Don Chuma a quien le había puesto pegamento en la silla? ¿Don Nicanor, a quien le cambió los sobres de edulcorante en el café?, o ¿Don Armando, a quien le cortó la luz en plena noche? ¿Cómo terminará este cuento de compadres bromistas?

Días de mermelada, cinco cuentos llenos de color, imaginación y ternura, que tienes que leer cuando te antojes de una rica mermelada, o por qué no, cuando quieras peinar a una oveja.Ya el título de este conjunto de cuentos breves, ganador del Concurso Nacional de Literatura para Niños del grupo editorial La Hoguera 2018, en su colección “Abrapalabra”, nos hace evocar esas tardes maravillosas de la infancia, en que la mermelada de frutilla, de durazno, de piña, untada en una marraqueta o una tostada con mantequilla, era el mejor momento del día, y en realidad aún lo puede ser. O en palabras de la misma autora: “Hay días nublados y días con sol, días con viento y días con calor, con mucho calor. Hay días de hacer tareas y días de ir a la piscina.

Para mí, mis favoritos, son los días de mermelada, que son cuando la abuela hace mermelada en la olla grande y me sienta a su lado para que peine a Dolly y escuche sus historias”. Aquí tenemos que saber que ¡Dolly es una oveja!

Mariana Ruiz, autora de la conocida y larga saga sobre las aventuras y viajes de Uma a diversos y maravillosos lugares de Bolivia, nos regala una serie de cuentos cortos cargados de sensaciones y evocaciones.

Es así que, en Días de mermelada, la autora nos presenta cinco cuentos que de alguna manera hacen referencia a una mermelada en particular y como no, a la voz de esa abuela cuyas narraciones son siempre inolvidables.

Mariana logra seducir al lector con las introducciones a cada cuento, ella crea un ambiente familiar relacionado al momento en que la abuela está preparando una exquisita mermelada. Entonces podemos sentir el olor de la misma, su sabor y hasta su textura. En ese contexto, nacen los cuentos: son historias simples, pero llenas de imaginación, de evocaciones a lugares y situaciones familiares, momentos del día, o también a narraciones y personajes de cuentos de hadas: el dragón de los colores, duendes, un dragón-lagarto diminuto, un rey, niños, y hasta señores jubilados.

La autora logra utilizar el vocabulario y el tono adecuados para cada cuento, interiorizándose en los personajes, el lugar y la época. De acuerdo a ello, Mariana hace uso del humor, o bien de la fantasía, o de del relato costumbrista. Nos reímos, nos enternecemos y nos maravillamos.

El primer cuento, “El dragón de los colores”, que es el cuento que la abuela contó cuando hizo mermelada de moras, es la historia que responde a la pregunta que con seguridad se hacen todos los niños: ¿Dónde se van los colores, los crayones, los marcadores o las tizas que se pierden? Bueno, pues se trata ni más ni menos que del Dragón de los colores que no sólo roba los colores perdidos durante las noches, sino que se revuelca en éstos, extasiado con su olor y su sabor.

En el cuento “Mermelada de frutillas con ternura”, obviamente, se hace referencia a la mermelada de frutilla, la preferida del rey. Éste la comía todos los días con tostadas y cada día le sabía diferente. Y es que quienes preparaban el desayuno, el panadero y la cocinera que estaban enamorados, tenían un secreto para que así sea.  Sin embargo, el día que el panadero se enfermó, la cocinera triste, no logró endulzar las frutillas las cuales tuvieron pesadillas, y por lo tanto no hubo desayuno para el rey. ¿Quién resolvería este caso? ¿Volverían a tener pesadillas las frutillas?

En “La mascota secreta de Claudina”, gracias a la mermelada de kinoto, unas naranjas pequeñas y alargadas, podemos conocer a Alina, la mascota de Claudina. Al igual que Alina, una especie de lagartija azul y silenciosa, Claudina ama comer kinotos. Sin embargo, la niña, al descubrir que Alina ha puesto dos huevitos, decide compartir sus preciados kinotos, y le pide a su mami que no utilice tantos para hacer mermelada.

Gracias al cuento “El toque mágico”, un simpático relato que ocurre en el oriente boliviano, podemos conocer a un duende muy particular y bromista que en este caso le concedió un poder muy especial a Marcelito, un niño que detestaba comer verduras, y en especial el brócoli. El poder especial era el poder convertir todo lo que comía en nada más y nada menos que CHOCOLATE. Al comienzo, todo fue de maravilla, sin embargo, ¿se imaginan lo que pasó cuando TODO lo que comía Marcelito sabía a chocolate? ¿Incluso su plato favorito? ¿Cómo hizo Marcelito para deshacer su poder?

Cuando se hace dulce de leche, la abuelita dice que no se puede sacar la vista de encima pues se puede quemar. Entonces es hora de contar historias de misterio como la de Don Cosme quien tiene que averiguar quién le puso demasiada sal a su sopa, tanto que ni el perro pudo comérsela. ¿Cuál de sus amigos bromistas le estaba devolviendo la broma pesada? ¿Don Chuma a quien le había puesto pegamento en la silla? ¿Don Nicanor, a quien le cambió los sobres de edulcorante en el café?, o ¿Don Armando, a quien le cortó la luz en plena noche? ¿Cómo terminará este cuento de compadres bromistas?

Días de mermelada, cinco cuentos llenos de color, imaginación y ternura, que tienes que leer cuando te antojes de una rica mermelada, o por qué no, cuando quieras peinar a una oveja.