“La gran fábrica de las palabras” y “Justo al borde”

Estos libros álbum, editados originalmente por Alice Éditions, Bruselas, 2009 y 2014, respectivamente, reeditados por el grupo Claridad, colección “Una luna”, Buenos Aires,

Escritos e ilustrados por Agnes de Lestrade y por Valeria Docampo

Fuente: Reseña de Verónica Linares Pérou. www.ablij,com

Estos libros álbum, editados originalmente por Alice Éditions, Bruselas, 2009 y 2014, respectivamente,  reeditados por el grupo Claridad, colección “Una luna”, Buenos Aires, son dos tesoros que nos abren las puertas a dos universos distintos y maravillosos, pero que contienen muchos elementos en común.

Ambos libros álbum tienen el mismo formato, cuadrado, y ambas portadas llaman la atención con sus imágenes y sus colores:

       

                                                            

En “La gran fábrica de las palabras”, abarcando más de la mitad del espacio, aparece la sombra de algo muy grande que va dejando un humo de letras, y en un rincón aparece, dulcemente, un niño vestido de rojo y blanco, agarrando un  atrapa mariposas. A partir de la portada, ya sabemos los colores que se utilizarán y presentimos que habrá un enfrentamiento desigual.

 En “Justo al borde”,  vemos la mitad del cuerpo de un gran oso azulino, casi fosforescente, de barriga, que está observando una pequeñísima flor amarilla, casi imperceptible; en este caso, las autoras también han determinado no sólo los colores que dominarán el álbum, sino que nos han mostrado ya el mundo al que entraremos, mostrándonos los elementos principales.

Los títulos, si bien en sentido no tienen nada en común, su tipografía si lo  tienen: ambos títulos parecen recortes de periódico o de revista y son letras de diversos tamaños. Ya ambos títulos nos van anunciando que las letras, las palabras son importantes en estas historias.

 “La gran fábrica de las palabras”, nos relata la breve historia de un lugar en el que la gente debe comprar y tragar las palabras para poder decirlas, y que es una gran máquina las que las fabrica. Hay muchas tiendas de todo tipo de palabras pero sólo la gente rica puede acceder a tener las palabras que quiere para poder decir mucho. En los basureros se puede conseguir palabras menos bonitas, y a veces hay que atraparlas en el viento.

¿Cómo podrá Tomás decirle a Alma que la quiere, si sólo tiene tres palabras sencillas que pudo atrapar por ahí?: cereza, polvo y silla. ¿Cómo competir con Juan que es rico y tiene las palabras que quiere para enamorar a Alma?

Es así que esta hermosa historia de palabras, letras, silencios, poder, pobreza, sencillez y amor está reflejada la sociedad del consumo, del poder, de la riqueza. Pero en realidad, ¿quién posee más? ¿El que dice más, con grandes e impresionantes palabras? ¿O el que dice menos, pero lo hace desde el corazón, con poesía, con belleza? ¿O simplemente el que calla pero que tiene tanto para dar?

Entre todo tipo de letras y palabras que vuelan, que están por aquí y por allá, hasta en la misma sopa, y entre hermosas imágenes llenas de simbolismos que juegan con los tonos rojos del amor, de la cereza, y los tonos sepia de la máquina del poder y del consumo, se va tejiendo una historia de amor no muy anunciada, sólo insinuada, así como un poema, en el que lo que se quiere decir sólo se ve entre hermosas palabras.

 

       

 

En su segundo libro álbum, « Justo al borde », las autoras nos vuelven a demostrar su gran capacidad para jugar con las palabras, para darles realce, para inventarlas, para soñar a través de las mismas.

Esa vez es un inmenso oso azulino de nariz amarilla quien se cuestiona sobre el mundo de manera poética, abordando diversos temas que nos son cotidianos: los sueños, el aburrimiento, el invierno, el amor, el miedo. Y es así que, en este meditar y enfrentarse a la vida, el oso, que es nuestro yo interno, va encontrando creativas soluciones:

“Justo al borde del aburrimiento

Hay toneladas de ideas. No miro la tele,

No juego con mis amigos.

Sólo dejo pasar el tiempo.

Mañana, me aburrimientaré.”

Las imágenes van a tono con este cuestionamiento poético-filosófico, el oso poeta- filósofo azulino se vuelve gigante, ocupando horizontalmente la doble página, o bien se mimetiza como un pez más en el mar, o se vuelve imperceptible en el borde de la página.  Siempre está presente un pequeño elemento amarillo, que luego se transforma en otro objeto: una regadera, granitos de arena, un caracol, un pez, una osa-mariposa. Finalmente, todo se torna amarillo, hasta el mismo oso.

Nuevamente la ilustradora le da un simbolismo a los colores, el amarillo es la esperanza, la creatividad, frente al azul del miedo, del invierno, del aburrimiento. El contraste de formas densas y minimalistas, enormes y diminutas, la presencia de la forma del caracol que envuelve, de formas geométricas  vacías y texturas que dan calidez, complementan poéticamente al texto, creando varios niveles de lectura.

Ambos libros álbum ofrecen un sinfín de universos, pero son insinuados, son regalados al lector quien debe atraparlos, descubrirlos, casi adivinarlos.

Dos tesoros, dos obras de arte en las que, tanto las palabras como las imágenes y el valor del silencio son puestos magistralmente en relieve:

“Justo al borde de los libros, hay una historia

Que me habla a mí. Pero yo no respondo.

En los libros, el silencio es rey.”