En busca de un caballito de mar. Segunda edición

Fecha de publicación : 2018

Lugar : La Paz- Boliva

Autores : Verónica Linares

Ilustradores : Romanet Zárate

Editorial : Grupo editorial Gisbert

Colección : Literatura infantil-juvenil

Número de edición : Segunda

Número de páginas : 105

ISBN : 978-99974-917-9-4

Depósito legal : 4-1-1132-18

"Es una novela muy escrita en la que encontramos creatividad, expectativa y aventura. Es una tierna historia boliviana que involucra un mensaje universal: la búsqueda de los sueños. Salomé tiene un único cuento de hadas y allí ha visto que las princesas usan falda y cintas en el pelo. Ella lleva a sus hermanos al "Escondite", en el que por órdenes de la "Princesa Salomé", deben encontrar cosas para ella y ponerlas en un aguayo. La princesa tiene la esperanza de encontrar un minúsculo caballito de mar de siete colores, un caballito que le hace recordar al padre que un día se marchó y no volvió.
"En busca de un caballito de mar" es una novela que muestra que todos los niños persiguen un sueño, un sueño que vale la pena leer"
Isabel Mesa Gisbert

RESEÑA DE ISABEL MESA GISBERT (Escritora y miembro de la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil)

Verónica Linares es una autora boliviana identificada con los niños más pequeños. Los guantes de Agustina, Clemencia la vaca que quería ser blanca, Matilde la paloma verdiazul y Zacarías son obras magníficamente bien escritas que la convierten en la mejor escritora boliviana dedicada a los primeros lectores.

Este año Verónica nos sorprende con un libro para otro grupo de niños (a partir de los 11 años). Se trata de En busca de un caballito de mar publicado recientemente por Grupo Editorial Norma en su colección Torre de Papel que relata una historia muy boliviana pero que involucra un mensaje universal: la búsqueda de nuestros sueños.

Salomé Sabina y Simón son hijos de una vendedora de frutas que vive en la ciudad de La Paz. Salomé tiene un único cuento de hadas que lleva a todas partes y allí ha visto que las princesas usan falda y cintas en el pelo. Ella se viste igual, porque se siente una princesa y todos los días lleva a sus hermanitos al "escondite". Allí, por órdenes de la "Princesa Salomé", todos deben encontrar cosas para ella y ponerlas en un aguayo. La princesa tiene la esperanza de encontrar un minúsculo caballito de mar de siete colores, un caballito que le hace recordar al padre que un día se marchó y no volvió.

Cada vez que llegan a casa y revisan los tesoros que están en el aguayo, Sabina y Simón ven entristecer a su hermana mayor porque no está el caballito de mar que ella anhela tener, pero de alguna manera ella sabe que no puede descansar hasta encontrarlo.

A modo de ayudar a Salomé a encontrar su caballito de mar, Simón y Sabina parten hacia el río con la idea de encontrar un caballito de río. Ellos solo desean que Salomé sea feliz, incluso han encontrado una vieja revista de la que sacan unas fotografías de caballos para regalárselas a su hermana que poco se parecen a lo que realmente busca Salomé.

La memoria de su padre no la deja en paz. Salomé recuerda esa noche de luna que echada sobre la hierba junto a su padre, él le cuenta de un viaje que quiere hacer al océano y a mares lejanos. Ni su madre ni sus hermanos comprenden la obsesión de la Princesa por encontrar al caballito de mar. Salomé les explica que ése es el tesoro que ella busca, que no sabe bien por qué. Tiene algunos recuerdos en la cabeza, imágenes que no puede borrar. Piensa en el padre y no sabe por qué ese caballito la persigue día y noche. ¡Tiene que descubrirlo!

En esta novela corta, Verónica Linares entiende que todos los niños persiguen un sueño. En el caso de Salomé, la autora incluye el tema del abandono del padre que afecta tremendamente a la niña mayor. Es la única de los tres hermanos que tiene un vago recuerdo del padre que un día se marchó buscando el mar. Y Salomé no tiene paz en su vida hasta encontrar a ese caballito que le abrirá una pequeña puerta de esperanza para creer que su padre todavía la recuerda como a su princesa.

A lo largo del relato la autora hace una interesante relación de la diversidad geográfica de la ciudad de La Paz con la vida de Salomé. Así las flores del parque botánico sirven para la coronación de la princesa, el trópico yungueño abastece de fruta a la madre, el Valle de la Luna le trae a la memoria una conversación con el padre, y el Illimani es la ilusión de una montaña que con su inmensidad oculta aquel océano al que ella quiere llegar. Y como destino final de los sueños de esta niña está el mar, ese mar que es un símbolo de nostalgia pero a la vez de pertenencia de cualquier boliviano. Salomé un día se levanta y convence a sus hermanos de llegar hasta el mar sin tener la más remota idea de las distancias ni de lo que pueda ocurrir en el camino porque ese es su verdadero sueño. Así Verónica Linares hace coincidir un anhelo boliviano representado por el padre soñador cuya única meta en su vida es conocer el mar, y el anhelo de Salomé de encontrar un objeto marino que la una al recuerdo del padre en el que su perseverancia es su mejor bandera.

Una novela para niños de fácil lectura y llena de suspenso, con unas simpáticas ilustraciones de Marcos Torres, que no en vano ha sido elegida finalista en el concurso más importante de Latinoamérica como es el "Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Fundalectura 2008".

Premios y distinciones

Finalista en el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma Fundalectura (2008).
Incluida en la lista de "300 libros iberoamericanos para niños y jóvenes recomendados por el Plan Nacional de Lectura". Ministerio de Educación de Argentina, (2011).

Iincluida en la lista de los libros recomendados por el Banco del Libro de Venezuela : "Los mejores libros para niños y jóvenes 2013"
Incluida en la lista de "Los recomendados: Una década de Literatura Infantil y Juvenil boliviana (2000-2010) Academia Boliviana de LIJ.

Fragmentos

1. Un cuarto con olor a campo y a calor

"Eran las seis y la mañana aún estaba oscura, brumosa y fría. La mamá de Salomé se disponía a salir con su carrito de naranjas de los Yungas, de manzanas color verde manzana, de plátanos a lunares y de uvas del Luribay, las cuales inundaban el pequeño y ófrico cuarto con un olor a campo y a calor.

Al darse cuenta de que su mamá ya se iba a la calle a vender las frutas, Salomé se levantó de un brinco, se lavó la cara con el agua de una batea de barro, mojó sus cabellos tiesos, se los peinó con fuerza y se colocó la cinta violeta que había encontrado hace unos días en el Escondite. Luego se puso su falda, sus medias, sus zapatos y terminó de vestirse. Se miró en un pequeño espejo, se volvió a pasar el peine y luego de un momento sonrió:

—Las princesas usan cintas y se ponen falda—, pensó. Luego abrió el cuento, se sentó y lo observó por un largo rato. Entonces volvió a sonreír pensando en su cinta violeta, y en su falda, en sus cabellos al viento, en su capa, en su caballo…

Listo. Ahora había que despertar a Sabina y a Simón que aún dormían en el colchón, calientes y profundos.

—¡Ya me voy, Salomé! Dales desayuno a tus hermanitos y después se quedan por aquí, ¡no se vayan lejos! Yo voy a llegar temprano para cocinarles, y después te vas a la escuela —gritó la mamá de Salomé envuelta en una gruesa manta de alpaca. Luego cerró la puerta, llevándose el carrito, las naranjas de los Yungas, las manzanas color verde manzana, los plátanos a lunares, las uvas, y el olor a campo y a calor.

—¡Sí, mami, no te preocupes, yo los alisto! —alcanzó a decir Salomé con un poco de dolor de corazón, el mismo que sentía todos los días cuando se iba su mamá.

Entonces, Salomé extendió un mantel sobre la mesa, preparó dos vasos de leche tibia con azúcar y despertó a Sabina y a Simón.

—¡Despierten, chicos! ¡Vayan a tomar toda su leche, y luego nos vamos rápido al Escondite!

Los pequeños rápidamente y con entusiasmo tomaron sus leches, se lavaron la cara y las manos, se vistieron; y pronto todos estuvieron listos para salir.

—¡Ya, ahora vámonos! —exclamó Sabina con entusiasmo.

—¡Un rato! —dijo Salomé—. A ver, Sabina, ¿dónde están tu manta y tu aguayo[1]? Simón, ¡te estás olvidando tu lata y tu gorro! ¡Creo que todavía están medio dormidos! —exclamó algo enojada.

—Bueno, ahora en fila, detrás de mí, pero sin colgarse de mi falda, ¡está recién lavadita! —advirtió la niña admirando su resplandeciente falda."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Aguayo: Manta de varios colores y diseños, generalmente tejida en telar, usada en la región andina.

Ilustraciones